Yo soy español como todo el mundo que es de su país: porque es ahí donde le tocó al nacer. Se puede estar más o menos contento con el resultado del sorteo, pero es lo que hay.
Dice la RAE sobre nación:
1. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno.Y ya que a mí me tocó ser español, voy a tratar de argumentar si efectivamente España es una nación.
3. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.
No cabe duda que, según la acepción 1, por el mismo motivo que España es un país es también una nación. ¿Pero queremos ser un país? Hay gente en el País Vasco, Cataluña y, en menor medida, Galicia y otras regiones que no quieren seguir formando parte del país "España" y formar por contra uno propio. Me parece una aspiración legítima que debería, en todo caso, ser perseguida por medios legítimos.
Los que quieren que España no se desmembre se concentran, con distinto ímpetu, básicamente en las partes centro, sur y este. Y se da la curiosa circunstancia de que mucha de esta gente odia a los que quieren que España se desmembre.
Entonces, tenemos dos grupos de gente que se odian entre sí, uno de los cuales se quiere ir y formar un grupo propio con normas propias. El otro grupo, por su parte, quiere que esa gente odiada siga formando parte de un grupo común con normas comunes. Todo esto parece un completo sinsentido... ¿Por qué el grupo "españolista" no quiere que el grupo "nacionalista" se vaya, si ni siquiera se gustan entre ellos? Pero esta pregunta está necesariamente conectada a otra: ¿por qué el grupo nacionalista quiere irse en primer lugar?
Respuesta: por dar por culo.
Y es aquí donde la acepción 3 entra en juego. Lo que nos mantiene a los españoles unidos no es ni la lengua española (que algunos la hablan a desgana y todos la hablamos mal), ni el himno (que por no tener no tiene ni letra), ni la bandera (que yo personalmente no reconozco). Ni siquiera la selección de fútbol nos une: hay un 50% de ciudadanos españoles (llamados "mujeres", para más señas) que pasan del fútbol.
Lo que nos ha mantenido, mantiene y mantendrá unidos como país y nación es el porculerismo: la necesidad irremediable de todo español (de Bilbao, Valladolid o Barcelona) a darle por culo al vecino por el mero placer, costumbre y tradición de hacerlo. Si el vecino se quiere ir, yo le digo que se quede. Si el vecino hace ruido por la noche, a la noche siguiente yo hago más ruido que él. Si el vecino quiere hablar en catalán, yo le digo que hable en español; y si quiere hablar en español, yo le digo que lo haga en catalán (esto último también se aplica al hijo del vecino).
Y es que, si me pones un muro entre mi casa y la del vecino, ¿cómo voy a mearle el portal al volver de borrachera por la noche?













