A veces nos visitan habitantes del mundo exterior -entiéndase exterior a los muros de ladrillo y hormigón que construimos para sentirnos más civilizados- que creíamos incluso extinguidos.
El camaleón es una especie antaño abundante y que ahora está en peligro de extinción en los bosques de pino de la provincia de Huelva. Antes era frecuente encontrárselos encaramados a las ramas de los árboles esperando a comerse una mariposa o cualquier bicho que pasara por allí. Hoy en día hace falta buscarlos con esmero para avistar alguno. Éste llegó al jardín de mi casa no se sabe muy bien cómo.
La salamanquesa no está en peligro de extinción, ni mucho menos, aunque es verdad que cuando era pequeño se veía más. Ésta calló de algún sitio cuando estaba subiendo la persiana de mi cuarto. Tiene un cierto aire jurásico, ¿no? Me la quedé un par de días para estudiar sus costumbres -friki-. La metí en una caja y maté un par de mosquitos para que se los comiera. Resulta que sólo se alimentan por la noche, así que me perdí el espectáculo. De hecho, parece que lo hacen todo por la noche porque ésta estuvo un poco apática todo el tiempo que la tuve. Ahora anda suelta por ahí esperando que se la coma alguna lechuza (de las que tampoco quedan muchas).
Por último, una curiosidad: resulta que en los vuelos con ClickAir te dan la posibilidad de aportar una cierta cantidad de dinero para plantar árboles y que sirva para paliar el efecto del CO2 que es emitido a la atmósfera durante tu vuelo. Además, te dicen la cantidad de kilos en cuestión. En mi caso, por un vuelo de ida y vuelta Tenerife - Sevilla la parte proporcional que me toca es 119 kg de CO2. Aproximadamente el 27% de esa cantidad corresponde a carbono, unos 32.45 kg. El combustible que usan los aviones es queroseno, que está compuesto por cadenas de entre 12 y 15 átomos de C; suponiendo que la mezcla sea a partes iguales, daría 13.5 átomos de carbono de media, a los que corresponderían 29 de hidrógeno. En total, más o menos el 85% de la masa de una "molécula" de queroseno corresponde a carbono. Esto quiere decir que la correspondencia en masa de combustible es 40.62 kg de queroseno.
El trayecto ida y vuelta Sevilla - Tenerife es de aproximadamente 2800 km, lo que hace que el consumo correspondiente a una persona es de unos 1.45 kg por cada 100 km, más o menos lo mismo que gastaría por persona un coche que fuera cargado con cuatro.
De aquí se deduce que, en contra de lo que yo creía, viajar en avión no es mucho más contaminante que hacerlo en coche, sobre todo si se coge el coche solo. Creo que de ahora en adelante me sentiré menos culpable por viajar en avión.

