Hace mucho tiempo que no escribo nada y el motivo es como siempre una amalgama de desgana, obligaciones profesionales y
novia (que se relajen las marujas, ya aparecerá por aquí). Estamos a 24 de junio y tengo cosas para escribir: las vacaciones,
tengo un coche y la segunda parte de los puntos cuánticos. Puesto que mi existencia carece de ecuación de estado y no sigue por tanto las leyes de la termodinámica del equilibrio, aplicaré la lógica que surge de añadir el tiempo a la lista de ingredientes con los que se cocina la vida de todo lo viviente: seguiré el orden cronológico.
Citándome a mí mismo,
el verano no llega con el calor sino con el final del curso académico, porque para mí el verano siempre ha sido sinónimo de
vacaciones. Hasta ahora. La vida juega el juego de "una de cal y otra de arena", y cuando no, el título del juego se reescribe - "una de arena y otra de cal". Cuando eres estudiante tienes tiempo vacacional para disfrutar de un dinero inexistente; cuando trabajas el dinero te permite disfrutar de los días de vacaciones que no tienes. Como
yo los castillos en la playa me los hago con el mismo material con que encalo las paredes -frase para ser citada en el futuro, por cierto- el 29 de mayo, después de enviar mi primer paper para un congreso sobre fotónica en septiembre, me monté en un avión rumbo al lugar donde la felicidad no se grava con impuesto de lujo.
Playa:
República:
Hogar:
Familia:
Y
Gambrinus:
El resto,
aquí.
Y para terminar, me cito a mí mismo de nuevo, que para eso éste es mi blog:
No todo acto de autoperpetuación biológica es vida.